¿Es el Amor, la esclavitud del Ser? Enajenación y Libertad
El ejercicio del amor, es como la libertad de la voluntad de ser y hacer. Por tanto la base de un amor es poder decidir constantemente. De lo contrario, es enajenación o esclavitud. Sin embargo al elegir y aceptar al otro en su vida y sentirse parte de la vida del otro, implica un cierto grado de enajenación; pues se le está otorgando un derecho de dominio indirecto a la pareja). Es decir todo amor libre o esclavista, implica un intercambio de derecho a dominar y ser dominado parcial o totalmente al grado de ser explotado.
Amor Libre y Miedo
El amor libre, es una decisión personal que valoriza la atracción, respeto, confianza, comunicación, apoyo y por encima de todo la admiración como condiciones necesarias que destaca del otro (el ser amado). Puesto que un ser amado que no es admirado carecería de la lealtad de su pareja. Por otra parte el miedo, en una relación de pareja, es una emoción que perjudica y altera las condiciones que permiten un amor libre, posibilitando así, una mezcla de enajenación y libertad, donde uno es dominado y otro domina.
Mientras que el amor libre favorece la autoestima; el miedo esclaviza; porque un ser amado y seguro de sí mismo, se elogia y cuida así mismo, mientras que un ser con miedo, vive su día a día, haciendo cosas que al otro le guste, para complacerlo. Pasando así de ser un ser libre a un objeto de placer desechable.
La infidelidad, como inicio de Enajenación
El mayor miedo, en muchas ocasiones, recae en sentirse desplazado o no ser lo suficientemente valioso para el ser amado. Esto lleva a cuestionarse si la tolerancia a la infidelidad es ajena al amor o una muestra de verdadero amor.
Siendo el amor una construcción de sentimientos y admiración hacia el otro; la infidelidad resulta poco posible. Sin embargo muchos confunden el amor con el querer. Una persona que ama, contempla y ve a su pareja, su ser amado como la creación de vida más maravillosa que haya podido conocer con la que pasa el mayor tiempo posible.
Dicho de otro modo, pueden existir pretendientes o personas con las que se desarrolle un grado de atracción pero sin sentir la admiración que se tiene hacia la pareja, el respeto, la confianza, buena comunicación; así pasen días o tiempos prolongados lejos del ser amado, no pasan de ser más que meros momentos de amistad; pero si la admiración hacia la pareja termina siendo menor o en similitud a lo que se experimenta con un pretendiente, persona conocida. La fidelidad no está asegurada; ejemplo; se puede ver a una persona con fascinación y sentir emociones intensas, compartir horas de trabajo, ocio, pero no se conciben las ideas de ser infiel al ser amado, iniciar un romance alterno a la relación existente.
El trasfondo del amor libre y maduro está en la admiración con la que se ve al otro, tal y como es, un ser con cualidades y debilidades, una persona magnífica que enamora y motiva con cada gesto, voz, acción ha apoyar su crecimiento sin modificar su esencia, como un amor silencioso que no perturba o invade el espacio armonioso del ser amado. Pero si se le contempla al otro y se desea que haga las cosas como a uno le gustaría que fuese, hasta llegar a compararle con otros, es un amor de cascarón; pues la admiración será mayor, sólo si hace las cosas bien y pasa la valla de lo esperado; por lo que la pareja, tomará el papel de ser un esclavo (un objeto sin esencia, enajenado), que vive para complacer al otro porque cree que sólo así puede ser amado.
Cabe decir que, una relación basada en complacer al otro, es venderse como un esclavo, puesto que sentirse amado es sí sólo sí, la pareja está complacida, mientras que si el complacido carece de admiración entonces abandonará la relación, que generalmente sucederá cuando exista otra persona que sea devota de su admiración y/o amor.
Un Amor Libre o un Amor Enajenado
El amor libre no es diferente de un amor enajenado; puesto que el que ama, es dueño de su decisión y elije orientar sus pensamientos y deseos de pasar el mayor tiempo con el otro, lo que implica que se siente amado mientras sea correspondido y reciba la atención necesaria de su pareja, por tanto, es un ser con leve grado de enajenación, pues decide someter sus tiempos libres a los planes compartidos y/o propuestos por su pareja. A veces éste tipo amor puede transformarse en esclavista, donde uno será explotado al grado de ser un objeto que se niegue a pensar y aceptar apoyo.
Cuando se tiene un amor enajenado, la persona es todo lo que el otro lo quiere, vive en función de lo que el otro decida, piensa y hasta se convence de que es totalmente feliz, viviendo así. Lo que implica una sentencia de muerte a la libertad y al amor propio. Aceptar éste tipo de amor es aceptar a la pareja como dueño.
Aunque el amor es bello, también es muy peligroso; sólo se puede ser esclavo, si se ha decidido no amarse a uno mismo para ser el objeto de deseo y satisfacción de otro. La decisión de elegir entre ser un esclavo o un ser amado la tienen todos, pero no todos pueden ser amados, porque no todos tienen la capacidad de amarse así mismos sin confundirlo con egocentrismo o narcisismo.


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